Buscando
Hace unos años pasé una tarde con unos cuantos «diggers» a los que creo que se les podría llamar, sin dudarlo, puristas sin complejos. Estábamos escuchando una mezcla que ellos tenían en gran estima (la grabación de dancetrippin.tv de Ricardo Villalobos y A:rpia:r en la fiesta de clausura del Circo Loco de 2013 en el DC10 de Ibiza, por si te pica la curiosidad). Uno de ellos compartió algo que le parecía vergonzoso hasta el punto de resultar inquietante. «¿Sabíais —preguntó a los presentes— que hay gente que simplemente revisa los comentarios de este vídeo de YouTube en busca de los nombres de las canciones, y luego los copia y pega en nuevas pestañas para buscar los discos?». Sus compañeros fruncieron el ceño.
Era como si hubieran hecho un juramento solemne: nunca estar demasiado ansioso por conseguir los discos de otro DJ. O, por citar una frase que aparece a veces cuando la gente pide identificaciones en Internet: «búscate tus propios discos». (Sea lo que sea que eso signifique realmente).
Personalmente, me pareció que eso de escanear los comentarios en busca de identificaciones sonaba bastante divertido, así que no perdí el tiempo y me puse manos a la obra. La mezcla no era del todo de mi gusto, y tampoco buscaba nada concreto. Pero al descubrir a una docena de artistas y sellos de los que no había oído hablar antes, empecé a explorar un nuevo rincón del universo musical que, en cierto modo, sigue vigente hasta hoy. Además, me lo pasé genial escuchando todos esos discos de minimal house tan alocados, aunque no hubiera ninguno sin el que no pudiera vivir.
Hay tres moralejas en esta historia.
La primera es que no tengas vergüenza. Mientras no estés copiando a nadie (imitando las mezclas de otro DJ, eligiendo el mismo tema inicial o final en una mezcla que otra persona, etc.), no te prives de la música que te gusta por deferencia a una noción vagamente definida de «ética del digger».
Otra es, sencillamente, absorber la música tal y como se te presente, sin darle demasiadas vueltas. La música nos rodea, escondida a plena vista en cantidades increíbles. Recoge lo bueno allá donde lo encuentres. No te centres en dónde ni cómo lo has encontrado, sino en cuánto te llega personalmente.
La tercera es simplemente relajarte y divertirte mientras buscas. No te obsesiones con pensamientos del tipo «¿Pondría esto? ¿Es mi estilo? ¿Es lo suficientemente interesante?». Solo sigue tu instinto, pasando por los temas que te dejan indiferente hasta que encuentres un «¡sí, claro que sí!».
A los «diggers» les gusta usar el término «madrigueras de conejo» para describir los sinuosos caminos por los que se adentran mientras buscan música nueva. Es fácil entender por qué. En una buena sesión, empiezas en un sitio y luego te adentras en una maraña de caminos digitales que se ramifican sin cesar hacia nuevas fronteras. Sin embargo, para adentrarte en lo desconocido, tendrás que empezar por algo que ya conozcas: un punto de entrada a la madriguera del conejo.
Una forma de hacerlo es crear una rutina con lo que llamaremos «canales de recomendaciones musicales». La sección de «novedades» de las tiendas de discos que se ajustan a tus gustos es una buena opción. También está el feed de Bandcamp, que muestra los nuevos lanzamientos de los artistas y sellos que te gustan, así como las compras recientes de otros usuarios a los que sigues. Dedica algo de tiempo a afinar tu feed, siguiendo a usuarios, artistas y sellos que realmente te interesen, y pronto se convertirá en un recurso inestimable. Instagram está lleno de cuentas que no hacen otra cosa que recomendar música.